la nostalgia es una parábola
por donde los aviones cruzan
es esta lluvia de todo el día
que desquicia
que entristece
que entume el cuerpo
¿dónde estaba mi padre
cuando me levantaba en las mañanas
a encender el televisor?
viene a mí este recuerdo
y pienso que hace mucho
que dejé ese hábito
hoy miro las noticias en una app:
los soldados norteamericanos
han dejado Afganistán, una guerra larga
todos éramos 20 años más jóvenes
cuando cayeron las torres en NYork
esa mañana encendí el televisor
los noticieros
transmitían como el vuelo 175 de United Airlines
perforaba el complejo de rascacielos,
disfrutaba de mi tazón de cereal
mientras creía estar viendo una película,
sintonizaron entonces imágenes
de gente corriendo asustada /
entre nubes de polvo y ceniza
al límite de la calcinación o la muerte fulminante
no lo podía creer
pero en aquel instante
experimenté un miedo que no conocía
y por alguna razón pensé:
¿en dónde está mi padre?
–no en NYork por supuesto–
la noticia duró toda la jornada
y muchas más
a veces me pregunto
si debería ir a terapia
y atender estas emociones
depresivas que heredé
y que han vivido en mí
más de lo que dura una batalla
o el pensamiento recurrente de
¿dónde estuvo mi padre,
para explicarme el caos que es este mundo?
quizá un día de estos tenga la oportunidad de preguntarle
aunque sepa de antemano su respuesta
días después, Kabul fue invadida
hubo incertidumbre y paranoia
en todos los aeropuertos del mundo
yo ni siquiera me había subido a un avión entonces
ni piloteaba la terrible angustia que tengo ahora,
por cómo explicarle el caos que es este mundo a mi hijo
o de cómo la guerra como la poesía
son actos de venganza
parábolas de las cuales quizá nunca tengamos respuestas
y por el contrario
nos llenen de interrogantes
con las que aprenderemos a vivir.

