mi pasado cabe en el buró de la cama,
en un huequito de la billetera
o en las habitaciones cerradas de este departamento
todas las mañanas me siento un reptil moribundo
que va perseguido por un sinfín de cosas olvidadas
/ retrasadas / pospuestas como una contingencia neuronal
una tarde desplomada por la lluvia,
cada minuto olvido más cómo escribir mi nombre en la pared
o en cualquier parte,
soy un soplo de letras por el aire sin dónde aterrizar
pienso en la seducción de la literatura
en la omnipresencia del escritor
en su posibilidad de evocar recuerdos
ahogar el ego / sustituir la realidad / ser profeta
de una realidad que nos toma por crédulos /
la inocencia se olvida
como el que olvida su amor en la mohecida cantina de la adolescencia,
o el que lamenta que ::el hubiera::
tenga ese maldito placer egoísta de no existir
nunca conoceré el mundo con otros ojos,
jamás volveré a ser el niño que le temía a las sombras
ni el adolecente que devoraba estrellas,
mucho menos el joven que se perdió entre madrugadas
que ahora mis párpados llevan a cuestas
un día de éstos,
compraré un nuevo corazón a la altura de mi inocencia
por lo menos / de la que aún me queda.

