He aprendido a transitar el mundo sin anclarme demasiado en las certezas; café con leche y paraguas por si acaso, será por aquello que leí en algún libro que robé, y que mientras viajaba en el camión se metió en un rinconcito de mi corazón y que reza: siempre hay que sospechar que las grandes sorpresas nos esperan allí, donde hayamos aprendido por fin, a no sorprendernos de nada. Es entonces, cuando comprendes de una vez por todas, que algunos poemas nos llegan de golpe para hechizarnos y habitarnos.

Del mismo modo sucede con los poemas de Miguel Torres, poemas que bien podrían ser artefactos de reparación o algodón de azúcar o nostalgia convertida en suspiro, pero que una vez que te tocan, te seguirán tocando por siempre.

Es muy probable que al sentir el sortilegio de estos poemas, sea el hechizo mismo quien nos murmure que somos herederos de nostalgias y anocheceres imborrables, el tipo de nostalgia que me atraviesa cuando pienso en aquella esquina donde vendía periódicos y empecé a delinquir abriendo revistas y libros sellados que después, volvía a empaquetar con el encendedor de mi madre para ocultar el crimen, sin saber que detrás de cada imagen, de cada anuncio de licuadoras y reparaciones de refrigeradores habitaba la primera línea de un poema, un poema que a veces es la sed en los labios o el atardecer de un lunes cualquiera. La misma sed que Miguel Torres anuncia en un poema que es plegaria y encantamiento: me gustaba volver del trabajo andando por ahí esperando que algo extraordinario / sobrenatural pasara, algo que me rompiera el corazón. ¿Cómo salir intacto de un poema? ¿Existe remedio para apaciguar un corazón en llamas? ¿Cómo nombrar a un autor como Miguel Torres? Mejor no pensar en las respuestas y sumergirme en esas coincidencias que me han llevado a robar un par de libros por temor a no encontrarlos de nuevo y celebrar el encantamiento, la bola de cristal o la fortuna. No estoy seguro de que nuestro escritor lo sepa con exactitud respecto al Espacio / Tiempo pero… andando por ahí/ volviendo del trabajo/ sucedió algo extraordinario/ un libro en las manos de Sara/ un libro a punto de romperme y maldecirme el corazón.