vivo en una época
en que hasta para ser hijo de puta cabe ser original,
en mis treinta y tantos años he aprendido a callarme el pinche hocico
y no ser como un niño caguengue o un viejo comunista,
no sé si llegaré a más viejo,
prometo que si llego a los setenta años me iré
a un planeta donde nadie me conozca
y la gente viva unos mil años.
Mi forma más brillante de ser viejo
consiste en ser escritor fracasado
o un pescador de malecón
o un apostador
o coleccionista
o guerrillero jubilado.
Un viejo se embriaga y sabe cosas,
está más cerca de los dioses
y jode con frecuencia a los elegidos de los dioses.
Mario Santiago fue y será siempre el Caín de los Infrarrealistas.
Mia Wallace no envejecerá bailando twist en el Jack Rabbit,
y yo, nunca seré por una noche Vincent Vega.
Estas son algunas pendejadas
que me han pasado por la cabeza
el día de mi cumpleaños treinta y dos.
Ciudad de México, febrero 29 de 2016.

